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jueves, 5 de julio de 2012

Convocando a la justicia: El origen del fraude


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Buscaremos la medida del entorno en la báscula de la deformidad... el objeto más parecido al destierro nos arrincona, pero buscamos y descubrimos trozos de camino en la firmeza del aire.
De estas entrañas que nos rodean, resurge el monstruo abismal y omnipotente de la violencia; palpita insomne mientras toma ventaja de nuestras debilidades humanas. Su felicidad, parida en el cinismo y la impunidad, retoza entre nuestros pies, dejando las estelas de viscosidad propias del horror anélido.
El monstruo no es inmortal, pero se alimenta de los que van claudicando, y la derrota interior es invasiva. Muchos, azotados por el hambre y la estupefacción, descansan. Él bebe del espacio que nos separa inexorablemente, cuando empezamos a interpretar la esperanza. Lo dejamos crecer ejerciendo su indiferencia como si nos vertiéramos en un espejo. Somos su raíz más profunda.
¿No será la claridad, nuestra respuesta? La respuesta y la condena perviven en el mismo claustro. El trabajo antídoto; la pasividad, destreza neutralizable. Azoro… 





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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Solidaridad con Ciudad Juárez. Sí a la paz. Denuncia.

Reprimen
cualquier
cosa
que
se
solidariza
con
la
paz.
No les gusta la paz.
Y
te
quitan
la
cámara
porque
saben
que
están solos.

lunes, 18 de julio de 2011

No nos gustan las fronteras.

 
No nos gustan las fronteras, son una línea imaginada para convencernos de que existe una diferencia que nos opone, una diferencia negativa, cuyos ingredientes son el miedo y el poder. Son muros simbólicos erigidos en la identidad, que se sientan estáticos, siempre en la misma locación, pretendiendo ser eternos. Todas argumentativas, las fronteras son un pretexto legal para imponer castigos contra la confluencia.
            El efecto de las fronteras es instruir a las mentalidades con unas cuantas lecciones muy sencillas: que la libertad es menos simbólica que ellas mismas y, por ende, menos poderosa; que hay dos clases de personas, las que rechazan con derecho, por ser “más civilizadas”, y las rechazadas, que deben aprender a “civilizarse” antes de ingresar a círculos más amplios. Nos enseñan que para convivir en paz, debemos, con un deber categórico e inexpugnable, respetar el derecho ajeno al rechazo.
            Las fronteras no existen entre los países, están sembradas en la intimidad de cada mundo (nuestra cabeza), y se alimentan de contextos no cuestionados; su poder crece cuando asumimos que es un peligro ser influenciados por culturas desconocidas, miedo al fantasma de la convivencia, miedo al despojo de preciadas posesiones, que a ese costo, valen lo que vale un prejuicio.
            Lo irónico de las fronteras es que fueron creadas a partir de los conceptos más abyectos de beligerancia e intolerancia, con el objeto de defender el trabajo, la vida y el conocimiento, la mera sustancia que hace de la humanidad un baluarte por el cual existir.
            La frontera es un espejo neutro que, en cada mentalidad, es capaz de reflejar el catálogo ético de los individuos; la posibilidad personal de reflexionar sobre el “otro” y, mutilarlo o integrarlo. Las fronteras son una lástima porque, tal como existen ahora, son cancerberos asesinos, que se inclinaron por la mutilación desde hace mucho tiempo.
             Por eso, no nos gustan las fronteras.


Texto dedicado (¿o delicado?) a Carla Moras, ella sabe por qué...

viernes, 22 de abril de 2011

Todos somos sangre.

¿Por qué jugamos con armas? No es gracioso. Y no es irónico, siempre ha habido guerra; la muerte no es abstracta.
Nacemos criaturas en ríos de sangre, y no tenemos miedo. Míranos, poblando el desierto con juguetes.
México se asfixia en este circo y sólo acertamos a extender nuestro talento para el silencio.
¿No escuchas a la masacre cabalgar de día? ¿No te duele este espejo fragmentado? Porque aquí, en la Ciudad de los Palacios, el eco es mortal…







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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Convocando a la justicia: El Plagio del Bicentenario.

De modo que ganó la derecha. Nos quedamos en nuestras casas porque a los festejos del Bicentenario solamente entrará una moderada cantidad de gente, previamente cateada incontables veces en los retenes policiacos (¿militares?).

No nos quedamos sólo por la posibilidad de un oportuno atentado; también por la exclusión. La fiesta conmemorativa que hasta hace sólo un año era una congregación popular, ha sido transformada en un show dirigido al público internacional. La celebración es usurpada por el ridículo sello del Gobierno Federal y detentada por las cadenas televisivas. No la están organizando, se la están atribuyendo. Los demás no somos bienvenidos. No es para nosotros... lo que es para nosotros está en la tele.

Pasa hoy mismo, que estamos inmersos en tanta muerte sin tregua. Creen que con su teatro y variedades se nos olvida que están jugando con la vida de las personas, que olvidamos su indiferencia, su alevosía. Pero les tenemos malas noticias: nunca habíamos estado tan conscientes de sus manipulaciones (será que las hacen muy mal).

Esa parafernalia ofertada por jóvenes artistas en el desfile alegórico es muy bella, y muy bien construida, no hay razón para desvirtuarla; pero no está hecha para celebrar, sino para distraer. Es lamentable que el gran nuevo talento mexicano sea titiriteado con la más hipócrita de las intenciones.

Considero que sí hay mucho Bicentenario que celebrar, no me explico a mí misma o a la gente que me rodea sin nuestro pasado. Nos construye. Pero no somos mexicanos por una historia estática y perenne encarnada por el cura Hidalgo; somos mexicanos porque nuestro imaginario, personalidad y expectativas están cimentados por los procesos que han trascendido hasta aquí. Somos reflejo de la vida que nos precede.

Sin embargo tendremos que celebrar en otros espacios, porque éste particular momento fue sustituido por un pésimo intento de publicidad. Propongo celebrar la historia de nuestro país desde la crítica y la ética, sin pesimismo, con un poco de ironía, pero con los pies en la tierra. Feliz cumpleaños, Patria.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Convocando a la justicia: Anabel Ochoa 1955-2008. Aniversario Luctuoso


No he querido dejar pasar este aniversario tan importante con la esperanza de que alguien más lo recuerde tan nítidamente como yo. El pasado 19 de noviembre perdimos a Anabel Ochoa, Sexóloga: pero también amiga, escuchadora profesional, cuya actuación tanto en la vida cotidiana como en la acción profesional estuvo siempre regida por una ética impecable. Escucharla nos hacía cada día ser un poco menos hipócritas, más conscientes.

Esta noche le rindo homenaje porque, hasta donde recuerdo, es la única persona dentro de los medios de comunicación que me ha hecho reflexionar verdaderamente, así como ampliar mis parámetros de justicia. Anabel siempre estaba convencida de lo que decía, los pocos errores que tenía, los corregía humildemente; siempre pugnó porque tuviéramos una vida abierta, que no nos sometiéramos a las imposiciones sociales, y que no permitiéramos que la vida se nos dañara a causa del abuso.

Es la única locutora a la que escuché tratar a los homosexuales como verdaderos iguales, no sólo de dientes para afuera, gracias a ella sé la diferencia entre trasvesti y transgénero. Verdadera feminista, hizo trizas el ardid generalizado de que el feminismo es el equivalente del machismo. Cuantas veces corrigió a las radioescuchas que no querían llamarse feministas por pudor, o porque no querían ser radicales diciendo que todos debemos ser feministas, porque ello no conlleva un afán de sometimiento contra el otro, sino una demanda de equidad humana, lo cual es perfectamente justo.

Su buen humor, su felicidad para ver la vida como algo que hay que gastar tremendamente, al final nos hizo dudar si debíamos llorarla, o mejor reírla… debo decir, que a pesar de ello, no pude evitar compartir unas cuantas lágrimas, pensar que aún no era tiempo de que partiera. Un poco egoísta, pensé en todo lo que me faltaba por aprender. Ahora que ha pasado un año, veo que aquello no tenía fundamento; pues con ella aprendí lo más sustancial: seguirme formando diariamente, sin tregua, como un ser humano solidario, crítico y ético. Ahora sólo me queda ésta nostalgia y el cariño, porque en verdad la extraño mucho.

Un gran aplauso a una vida más corta de lo convencional, pero también más fructífera.


Fotografía tomada de www.cnnexpansion.com

viernes, 2 de octubre de 2009

Convocando a la justicia: 2 de Octubre no se olvida.

Conozco mucha gente harta de las manifestaciones, y de algún modo no los culpo, el tráfico cotidiano es ya un enorme peso como para estar coronado con impedimentos aleatorios. Sin embargo, cada vez que oigo un berrinche en contra de quien lucha por lo que le corresponde, siento como si me enterraran un palillo en el oído. Y mis razones tengo para no ser tan tolerante con estas opiniones, creo que la gente se molesta porque no tiene la sensibilidad para ser un poco solidaria. Porque quien se queja demasiado de las manifestaciones es indiferente a que los abusos sean perpetrados impunemente, o en el peor de los casos, está de acuerdo con tales abusos. Por supuesto que no generalizo, sé que hay gente que tenía una urgencia o que pudo perder su trabajo por llegar tarde, y también estoy consciente de que sí hay manifestaciones con “línea”; a lo que me opongo es a meter todas las demandas sociales en el mismo saco de inutilidad, a prejuiciar a los demás por carecer de conciencia social. Lo urbano o la “modernidad” nos han vuelto demasiado egoístas.

Hoy la ciudad se detuvo para recordar el 2 de octubre, y en los noticieros sólo escuché detracciones. No seré tan inocente para creer que todos los contingentes son bien intencionados, pues hay grupos a los que les gusta hacer ruido, pero en la sombra hacen los tratos más cínicos que se hayan visto jamás. Es verdad, la Marcha Anual del 2 de octubre está llena de hipócritas, pero también hay gente sincera. Por ese espíritu persistente no debemos demeritar la verdadera inspiración de su protesta: bien se dice NI PERDÓN, NI OLVIDO, porque, ese “estorbo de marcha” como le llaman, grita que no olvidamos el asesinato de los padres de los amigos que nunca tendremos, que no perdonamos la muerte del que pudo ser el ingeniero que compusiera el mediocre sistema de aguas que hoy en día nos tiene en vilo; no perdonamos como nos quitaron al posible profesor que nos hubiera cambiado la forma de ver el mundo. Asesinaron un poco más que hermanos e hijos. ¿Y porqué? Porque Díaz Ordaz tenía prisa por mostrar un México sin problemas en las Olimpiadas.

A México le costó demasiada sangre, demasiada vida, demasiado amor: creo que podemos prescindir una tarde de Reforma y Eje central.

lunes, 8 de junio de 2009

Convocando a la justicia: ¿A dónde irán los ambulantes de Filosofía y Letras?


Un evento excepcional y aislado es capaz de revolver las cotidianeidades en que nos acomodamos pacíficamente, sin darnos cuenta que incluso llegamos a necesitarlas.
El martes pasado un hombre fue asesinado en el estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y es un escándalo microeconómico: los que pasamos diario por ahí estamos en shock, es algo que de verdad no vemos todos los días, pero continuamos con nuestras vidas, no es más que una curiosidad macabra que podemos contar a nuestros nietos; nos indigna, pero no nos quita el sueño, nos alerta, pero no nos hace “agorafóbicos” (quien conoce la facultad entiende mi pésimo chiste).
Sin embargo las autoridades y los medios han tenido que declarar, esgrimir y disculpar, están conminados a tener una postura, deben condenar, paliar, destacar, añadir y percatar; porque estos pequeños eventos casuales se convierten en la perfecta imagen que nos da Goya con su “Coloso”, que si no nos come y aterroriza a la aldea, al menos se ve muy amenazador ahí en el horizonte.
Es comprensible que se desaten operativos de protección civil y todas esas cosas que surgen cuando se ahoga un niño, pero en esta ocasión tapar el pozo nos costará la pérdida de aquella cotidianeidad invasiva y transgresora que teníamos: los ambulantes. Y cómo estorbaban… cómo traían color a nuestro tiempo libre. Me arrepentiré de nunca haber comprado blusas a las indígenas, ni faldas exóticas a las hippies. El problema es que “venden droga” también; uno o dos de ellos, pero ahora es cuando aplica la clásica máxima de que tooodos pagamos impuestos, los justos y los pecadores. Yo no creo que las señoras que venden artesanía chiapaneca vendan droga, tampoco lo creo del señor que hace artesanía huichol (bueno, a lo mejor él vende peyote, las autoridades son sabias).
Claro que no voy a extrañar a los tres o cuatro tipos que vendían piratería cerca de la parada y que desde las once de la mañana jugaban baraja en la jardinera mientras fumaban y se tomaban un litro de cerveza cada uno; pero voy a extrañar al señor que vendía "mulitas" el día de las mulas, la gente que vendía suéteres bonitos enfrente de la Biblioteca Central, siempre quise uno, ahora no habrá más. Extrañaré las paletas de hielo que a las dos de la tarde hacían las delicias de la insolación y extrañaré las empanadas dulces y saladas que comíamos tibias al llegar el ocaso. Extrañaré a Lázaroo, el pequeño café sobre ruedas al cual le compraba un bisquet o una dona con chocolate en las mañanas, y no olvidaré que por puro buen corazón solía regalar pan de muerto el dos de noviembre, pan de muerto y café gratis para todos. Y que decir de los vendedores de libros, gracias a ellos encontré El segundo sexo de Simone de Beauvoir después de buscarlo casi tres años.
Sí. La verdad es que no tienen permiso de la Universidad para estar allí, pero al menos yo siento que me voy a aburrir un poco al pasar por donde siempre. Creo que ellos irradiaban el espíritu de la Facultad, y de una de las zonas más importantes de CU. Siento que es como si ya no pudieran llegar Melquiádes y los gitanos a mostrar el hielo en Macondo. Hay veces que odio que el poder haga lo que está en sus manos para preservar mi bienestar. Me consuela sobremanera que la próxima vez que baleen a alguien podré correr libremente sin tropezar con el perrito chihuahua de la muchacha(o) que vendía ropa y bolsas y no se qué más en medio del pasaje. Me consuela sobremanera.