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domingo, 18 de marzo de 2012

Una Retórica Infalible

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Levantar la palabra como un juguete abandonado y darle cuerda. Que en el silencio produzca ese desconcierto que provocan las aves cuando cantan en la noche. Colgarse de una retórica infalible, viva, como un pulmón alado; humilde, pero contundente.
            Palabra nocturna permanente. Que camine entre los escombros de nuestra ciudad sometida. Y traiga esperanza… En el verbo, una acción contenida, posible; que la renovación, que la revolución se incuba en el pensamiento, no en el hastío, ni en las armas.
            El ser humano. Ese animal condenado eternamente por la razón, ese animal con capacidades diferentes, que se deja alienar por su propia naturaleza, que la presume, pero no la engendra. Hace falta un espejo en este salón de vanidad, hace falta una evolución introspectiva.



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miércoles, 24 de agosto de 2011

Instructivo para crear la ansiedad perfecta…

Exposición de Motivos. Considerando que nuestro pequeño mundo posmoderno se ha convertido en la nueva nicotina; que, defendiéndolo a capa y espada, hemos decido afectarnos, traumarnos y obsesionarnos con cada nimio e insustancial incidente; que la pereza de modificar las cosas que nos molestan es la nueva prioridad: Traemos ante usted el MANUAL DE LA DISPERSIÓN, edición especial: Cómo hacer del ser una verdadera e intolerable levedad, no chingaderas…
Comencemos por plantear el escenario básico de lo que es su vida como mexicano hasta ahora.
Se siente solo, abandonado por sus seres queridos; sus amigos tienen más amigos y esto le conflictúa;__________ su planta ha muerto y se niega rotundamente a aceptar su responsabilidad.__________ Ha visto un perro flaco en la calle y no hizo nada al respecto, pero piensa en él.__________ Ha estado a punto de atropellar un ciclista y esto le indigna, porque su espacio como automovilista está siendo invadido;__________ no sabe cómo repartir los dos litros de agua que debe consumir diariamente.__________ Le preocupa la política de México porque las marchas lo hacen llegar tarde al trabajo.__________
Si ha respondido positivamente a estas sentencias es usted un orgulloso merecedor de la etiqueta EGOÍSTA ANSIOSO DE BAJA CALIDAD HUMANA. Felicidades, no está usted solo. Si no se identifica, pero nunca ha ayudado a un perro, puede entrar en la descripción perfectamente, no se preocupe.
Ahora, consideremos un momento la posibilidad de un cambio hacia la solidaridad; Listo, nos rehusamos.
Paso siguiente: Abracemos con amor y pasividad nuestro egoísmo, como si fuera la sustancia misma que nutre nuestra calidad de vida; consideremos que a partir de hoy podemos llevar una existencia de interés propio y autosuficiente, pero para ello debemos desprendernos de esa necesidad que opaca nuestra alegría: la necesidad de que cualquier otro ser humano sea empático con nosotros, desde las más mínimas categorías hasta las mayores, es decir, no esperemos que se nos ame por lo que somos, sino por lo que poseemos, y no esperemos que un defensor de derechos humanos nos haga el paro cuando suframos una intransigencia. ¿Porqué? ¡ES MUY FÁCIL! :D Porque hay algo que usted ha olvidado a fuerza de pensar tanto en sí mismo. Que la sociedad es un acuerdo civil, ha sido construida para que la convivencia no sea rapaz, indiferente o abusiva; sin embargo usted no está de acuerdo, usted se prefiere a sí mismo, pero está obligado a vivir dentro de ella, porque algún día quiere comprar una casa en Polanco.
Por eso le ofrecemos esta metodología sencilla para sobrellevar los disgustos que la vida en sociedad puede ocasionarle. Llamémosle el método del “espejito, todo lo que me digas será al revés”. Si yo no aporto, no espero que me den, si yo soy ambiguo, no espero que los demás sean congruentes, y así sucesivamente. Sea usted un incivil mejorado, pero moderado.
En conclusión, las ansiedades que le quitan el sueño constantemente… seguirán ahí, porque usted rehúsa a considerar la posibilidad de un cambio.
Pero ¡Felicidades! ahora la ansiedad será perfecta y, cada vez que se pregunte ¿porqué me siento así? Puede volver a identificarse con todo lo anterior y obtener una respuesta. Y, si nos permite añadir, Sí, todo es su culpa, TODO, la pobreza, el abuso de autoridad, las gentes que no le dejan bajar del metro etc., todo es su culpa. Pero no se intimide, también es culpa de los demás, porque esto, grandísimo inconsciente, es una sociedad.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Manual de la dispersión: Una constelación de palabras.

Tengo una constelación de palabras, todas arrebatadas e impulsadas al abismo, cayendo una por una en las páginas que fundaron los árboles. Es una taza de poesía parafraseada que no se sabe decantar.

Mis palabras son todas descriptivas, todas analistas. Mirando el mundo hacia adentro, sofocadas, incapaces… Ansiosas, colisionan contra un muro de incertidumbre que tergiversa su sentido. Luego renacen confundidas, como sobrevivientes de una catástrofe. Tristes, como mi casa, son una agónica fractal.

Como en todo proceso neurótico, me acosa la certeza de que están perdidas, allá atrás de cada célula, vulnerables, solitas, víctimas probables de otro escritor, o peor aun ¡de otro fracaso! Me preocupan tanto que pierdo el sueño; ésta leche tibia no es capaz de estabilizarlas, protestan tan fuerte que parece que hay un reguero de lumbre dentro de mi cabeza.

¡Ay mis palabras!, sonoras, pedantes, invocan un delirio imponente que no me deja descansar. Las escucho atrancar la puerta, huir nerviosamente, como si les fuera la vida en ello, todas sindicalizadas, conspirando inermes, pero salvajes como una jungla. Una jungla de palabras distantes, inmateriales y estúpidas. No las puedo someter, se escurren entre las preposiciones y los subtextos, juro que escucho un manantial de infertilidad lejano y consistente, goteando mis palabritas inocentes.

¡Irreverentes, insumisas! Ahí, encriptadas, todas grandilocuentes penetran mis cuadernos, presumiendo su virginidad como sacerdotisas de Vesta…

Sublimes.

Ajenas.

Inasequibles.

In-compuestas. Mis palabras.

jueves, 3 de marzo de 2011

Manual de la dispersión: La red de los motivos.

En el momento en que toda la inspiración está prohibida y las lenguas se amotinan, el ruido se yergue sobre la ciudad. Se ignora el pasado y el volátil presente se desmembra lentamente, a su ritmo-espacio-cansado.

El mundo se asienta en los colores primarios y se engaña con ternura manifiesta, mientras la gente pasa contraída tras los muros; es la familiar experiencia de lo ajeno, que es indescriptible. Belleza y tortura que conviven en la misma pieza que es esta vida metahumana.

Ante tales silencios creamos, distendemos los horarios para poder sentir, teñimos de anilina las fantasías huecas que presumimos nuestras: Estar bien, Estar. Donar la creencia al paradigma para que exista un templo de virtud en el llano asiento del mutismo.

Porque es la nada invasiva la que confiesa lo verdadero, es el límite de los parajes conocidos, es el viento y el momento. Es concreta y natural. Este es el terror que nos hereda, la carencia de significado. Nos orienta a encontrar todas las respuestas dentro de todas las preguntas que formulamos en todos los ceniceros.

Llagas purulentas es lo absurdo: que aquí no hay nada más que espacio para crear, y lo que creamos nos hace dioses de lo intrascendente.

Mi vida creada y la tuya desertan de lo fecundo para adscribirse al notorio cambio permanente, paradoja con ínfulas de legado ante carcajadas reticentes. Y para poner al pesimismo en shock, un par de perlas de inmanencia: que porque nada es útil y, precisamente para ello, la vida solicita nuestro deteriorado afán por vivir.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Manual de la dispersión: La prosa ajena.

Había una vez una prosa espesa, diametral, que tras un tiempo incierto, se derramó por un intersticio solar. Un silencio cadencioso succionó el temor a las palabras y el humo, sádico e irritante, tensó el aire que podía contenerlo. Una prosa muerta, desangrada y evaporada, un abismo de preguntas informuladas. Aquella prosa suicida, renuente dentro de un cerebro pausado, trató de denunciar a los adioses, a las indiferencias, el paso del tiempo y sus traiciones. Ante sus quejas sin plantear no hubo, naturalmente, reacciones, sólo hubo prosas hipócritas desde el tenaz circo de la soledad.

miércoles, 9 de junio de 2010

Manual de la dispersión: El homólogo del Tacto.

Fatiga de la superficie, búsqueda incansable de profundidad. Insoportable sistema de repeticiones dentro del cual todo desconcierta; a veces, cuando no hay amor ni odio. Tedio.

Nunca encuentros, las experiencias se desvanecen, trascienden nuestros límites, como si fueramos tan así… herméticos. No querer ser estar. Aves migrantes. Horizontes.

Y la lealtad siempre estéril, tan mía sin mí. Invisible. Irrelevante. Nunca estar solos. Sólo para herir. Pasar por ti, por él, por mí. Nada embona perfecto, gotea tranquilamente, violenta la posible compañía.

Y si yo no estaba, ni tú, ni ella, fluidos. Sonido diperso lanzado al abismo: Soledad. Contacto. Atesoradas simpatías efímeras que disienten, que no había. No mucho dolor: decepción. Desilusión, impaciencia de la cáustica sombra del desapego.

Por qué todo está tan saturado de finales, finales de vértigo y sensibilidad. Y el tacto no es más que un suspiro contenido, establecido en lo efímero. Abrazos que sueltan. Muchos abrazos. Sinceridades cuestionadas, inconclusas. Anhelos destrozados con complejo de superioridad, cada célula que transmite las sensaciones miente con descaro a sí misma y lo demás. In/tacto. Todo aparenta. Y luego. Desvanece.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Manual de la dispersión

Aunque es maravilloso ser lacónicamente evocativo, podemos perdernos en los abismos del “qué será” como se perdió el Funes de Borges en el recuerdo. No es para temer por la salud mental, por supuesto, pero mantener por lo menos un pie en la tierra, como lo hizo hasta entonces Regina Spektor, es fundamental para disfrutar plenamente de los acontecimientos. De otro modo, tal vez seamos tan peregrinos de intercambiar las cosas que nos maravillaron por otras que sentimos que nos maravillan aún más: Si bien, comiendo con la derecha se siente uno más satisfecho, es posible que la distancia entre el cerebro y el tracto digestivo se torne más sinuosa en el proceso final que, simbólicamente y sólo por ahora llamaremos regurgitación.

Es por ello que, a pesar de encontrar atracciones en los lugares más hipotéticos y menos vivibles (por no decir reales debido a que los soñadores se opondrían), es mejor integrar a nuestra vida todo lo que nos llegue a directamente de los desagües sociales, predisponiéndonos a pepenar las maravillas humanas que en la suciedad estén revueltas, tales como la amistad incondicional, el amor eterno y todas esas cursilerías tan importantes que ensalzamos en pedestales ambiguos de sátira y trascendentalismo.

Inclínate, ésta es la línea: Pesimista/Optimista