viernes, 1 de julio de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Todos somos sangre.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Albedrío
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miércoles, 16 de marzo de 2011
Manual de la dispersión: Una constelación de palabras.
Tengo una constelación de palabras, todas arrebatadas e impulsadas al abismo, cayendo una por una en las páginas que fundaron los árboles. Es una taza de poesía parafraseada que no se sabe decantar.
Mis palabras son todas descriptivas, todas analistas. Mirando el mundo hacia adentro, sofocadas, incapaces… Ansiosas, colisionan contra un muro de incertidumbre que tergiversa su sentido. Luego renacen confundidas, como sobrevivientes de una catástrofe. Tristes, como mi casa, son una agónica fractal.
Como en todo proceso neurótico, me acosa la certeza de que están perdidas, allá atrás de cada célula, vulnerables, solitas, víctimas probables de otro escritor, o peor aun ¡de otro fracaso! Me preocupan tanto que pierdo el sueño; ésta leche tibia no es capaz de estabilizarlas, protestan tan fuerte que parece que hay un reguero de lumbre dentro de mi cabeza.
¡Ay mis palabras!, sonoras, pedantes, invocan un delirio imponente que no me deja descansar. Las escucho atrancar la puerta, huir nerviosamente, como si les fuera la vida en ello, todas sindicalizadas, conspirando inermes, pero salvajes como una jungla. Una jungla de palabras distantes, inmateriales y estúpidas. No las puedo someter, se escurren entre las preposiciones y los subtextos, juro que escucho un manantial de infertilidad lejano y consistente, goteando mis palabritas inocentes.
¡Irreverentes, insumisas! Ahí, encriptadas, todas grandilocuentes penetran mis cuadernos, presumiendo su virginidad como sacerdotisas de Vesta…
Sublimes.
Ajenas.
Inasequibles.
jueves, 3 de marzo de 2011
Manual de la dispersión: La red de los motivos.
En el momento en que toda la inspiración está prohibida y las lenguas se amotinan, el ruido se yergue sobre la ciudad. Se ignora el pasado y el volátil presente se desmembra lentamente, a su ritmo-espacio-cansado.
El mundo se asienta en los colores primarios y se engaña con ternura manifiesta, mientras la gente pasa contraída tras los muros; es la familiar experiencia de lo ajeno, que es indescriptible. Belleza y tortura que conviven en la misma pieza que es esta vida metahumana.
Ante tales silencios creamos, distendemos los horarios para poder sentir, teñimos de anilina las fantasías huecas que presumimos nuestras: Estar bien, Estar. Donar la creencia al paradigma para que exista un templo de virtud en el llano asiento del mutismo.
Porque es la nada invasiva la que confiesa lo verdadero, es el límite de los parajes conocidos, es el viento y el momento. Es concreta y natural. Este es el terror que nos hereda, la carencia de significado. Nos orienta a encontrar todas las respuestas dentro de todas las preguntas que formulamos en todos los ceniceros.
Llagas purulentas es lo absurdo: que aquí no hay nada más que espacio para crear, y lo que creamos nos hace dioses de lo intrascendente.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Manual de la dispersión: La prosa ajena.
Había una vez una prosa espesa, diametral, que tras un tiempo incierto, se derramó por un intersticio solar. Un silencio cadencioso succionó el temor a las palabras y el humo, sádico e irritante, tensó el aire que podía contenerlo. Una prosa muerta, desangrada y evaporada, un abismo de preguntas informuladas. Aquella prosa suicida, renuente dentro de un cerebro pausado, trató de denunciar a los adioses, a las indiferencias, el paso del tiempo y sus traiciones. Ante sus quejas sin plantear no hubo, naturalmente, reacciones, sólo hubo prosas hipócritas desde el tenaz circo de la soledad.
lunes, 4 de octubre de 2010
What a wonderful world!: Despacio, al abismo.
Yo quiero saltar al abismo. Nunca estamos tan solos para morir en el intento. A veces hay golpes, fracturas, dolores. Pero la vida es intensiva. Vivo con miedo. No me detiene. Y erro y lloro. También río, soy muy libre. Me recuerdo el viento; las brisas suaves que hacen sentir los vellos, y el agua cuando pierde la tensión superficial.
Provengo de la vida, la prometo. Escucho el susurro del pasto en la ciudad y espero que los autos se detengan cuando cruzo. Todo tiene un sabor bien propio; espero con calma que la bestialidad se apodere de todo y cambiemos. Y que todo parezca inerte es hipocresía pura, que todo, todo, absolutamente todo lo sentimos.
¿Qué es este miedo a los colores, a los huracanes? Es nada. Son los fantasmas que están construidos para intimidar, para que transite el tiempo solo, a través de nosotros.
Yo no quiero retraerme. Quiero saltar al abismo; las mejores intuiciones son las que se persiguen en la oscuridad. ¿Miedo al vacío? El vacío no existe más que en el miedo. No puedo más que amar la vida, cínica y juguetona. Nos devasta, nos mastica para después evadirnos. Y nos abandona. Pero somos. Y mientras tanto.
Yo quiero saltar al abismo donde duele mucho, donde se puede sentir perpetuamente. Yo quiero sentir, admito sentir, por que todo se marcha y todo se acaba, pero también todo lo que me rodea me toca, y es mío. No me detienen el dolor, ni los desencuentros, me permito sentir la sangre porque sólo así soy libre.
